Ni atormentado en el potro por el Santo Oficio, el flamenco Simón Pereyns se desdijo de una blasfemia, por lo que fue sentenciado a pintar el célebre retablo
Ni atormentado en el potro por el Santo Oficio, el flamenco Simón Pereyns se desdijo de una blasfemia, por lo que fue sentenciado a pintar el célebre retablo