Con casi 50 artistas y danzantes, la Compañía de Teatro Clásico Fénix Novohispano escenifica una versión de los Reyes Magos de 1607 para evangelizar a los indígenas conquistados

La magia de los Reyes de Oriente en la búsqueda y el encuentro del niño Jesús, en el contexto de un México que era evangelizado por los conquistadores, es traído al presente al pie de la Iglesia de la Santísima Trinidad, en el Centro Histórico de la capital del país.
Con casi medio centenar de personas, entre actores, danzantes, cantantes, trompetistas y equipo técnico, el Auto Sacramental de los Reyes Magos, una obra de fray Juan Bautista representada por primera vez en el año 1607, cobra vida con la actuación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico Fénix Novohispano, en la Plaza de la Santísima.

Tras la llegada de una procesión que encabezan frailes, el sonido de tambor y sonajas rompe el murmullo de asistentes que abarrotan las gradas y el perímetro del foro abierto, y 18 hombres y mujeres serpentean en una danza con penachos, escudos, capas, conchas y coloridos vestidos prehispánicos, detrás del hombre que porta un estandarte de la Virgen de Guadalupe.
Se hace el silencio y la escena se traslada al reino de Herodes, en Judea, a quien le llega la noticia del nacimiento del “rey del mundo”, del “señor del mundo”, “el salvador”, luego de avistarse una estrella desde la cima de un cerro, la señal profetizada, en territorio del nuevo mundo.
Avisados del suceso por los indígenas, los Reyes Magos van a Jerusalén, donde preguntan al representante del imperio de Roma por el recién nacido.
Y la historia, cuyo escrito original se encuentra en Estados Unidos, sigue su desarrollo entre cantos y rezos, en español y en náhuatl, en un esfuerzo encabezado por Gerardina Martínez.

Aparecen sacerdotes representados por mujeres que confirman a Herodes el nacimiento del “señor del mundo” en Nazaret, en los campos de Belén, y esa reafirmación consultada en el Libro Divino, tiene como consecuencia el edicto real para matar a los niños con el propósito de “destruir” al recién nacido, según las alocuciones de los participantes dirigidos en escena por Francisco Hernández.
En la obra, auspiciada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, se escuchan también los sonidos peculiares de trompetas barrocas en los anuncios de Herodes, hecho que hace posible Juan Luis González, quien tuvo que ir a Francia para aprender ese arte, ya que se perdió el barroco mexicano en las trompetas, según Hernández, director de la compañía teatral.

Salen a escena María, con la figura del pequeño Jesús, a salvo, en brazos, y José; un ángel sonriente los resguarda, mientras los Reyes Magos entregan sus regalos: Gaspar, deja oro y plata; Baltasar, ungüento divino y un sarape blanco, y Melchor, mirra e incienso.
Se suman actores que representan a indígenas, de acuerdo con la obra, en cuyas escenificaciones primeras y con el propósito de evangelizar, se invitaba a gente de la comunidad a que participara. Y en el templete se dirigen al niño Jesús: “no te hemos traído nada, solo hemos venido a besarte las manos y los pies”.

Entre cada pasaje de la obra que dura una hora y media aproximadamente, el público, que la ha podido disfrutar de manera gratuita, aplaude las actuaciones que finalizan con otra danza dirigida por Nieves Paniagua, este baile en honor al sol, simbolizado con un fuego que resplandece en el inicio de la noche que cae en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Al Auto Sacramental de los Reyes Magos, que se escenificó 4, 5 y 6 de enero, seguirán otras obras de teatro, en el mismo foro a espaldas del Palacio Nacional, entre las calles Zapata y la Santísima, contiguo a la Iglesia de la Santísima Trinidad.

Esta edificación religiosa, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tiene además una larga y complicada historia que se inició con la cesión del terreno del conquistador Hernán a Cortés a la Cofradía de la Santísima Trinidad.
En ese recorrido por el tiempo ha desfilado gran número de arquitectos, artistas y artesanos para su construcción y diversas obras de remozamiento, por necesidades estructurales del templo y por gustos de administraciones de cofradías, hermandades. Ha tenido un ir y venir de santos en su interior, unos sustituidos, otros agregados. Y todo ello ha significado gastos continuos, desde pesos en oro y reales de aquella época, a nuevos pesos y pesos actuales.












Buenos días. No me enteré de este evento, tristemente me lo perdí.
Al leer la reseña veo que estuvo interesante, siempre es bueno conocer como se vivieron estos eventos en la Nueva España (vestuario, música, etc.).