Famosa por sus “tachuelas” para la “cruda” y sus jueves de chamorros, esa tradicional cantina abrió en 1934; inspiró a José Alfredo Jiménez para escribir canciones

Entrar a la cantina Salón París es transportarse a otra época, una época en la que acababa de ser electo Presidente el general Lázaro Cárdenas del Río, y en la que en todo el país habitaban poco menos de 20 millones de personas. En la radio sonaban boleros y las películas de moda eran Vámonos con Pancho Villa y Allá en el Rancho Grande.
Hace 86 años que la cantina Salón París abrió sus puertas en Santa María la Ribera. En la entrada se lee: “Desde 1934”. Y aunque este icónico bar está estrenando ubicación (a tan solo unos pasos del espacio original), los muebles de madera, las mesas, la rocola y el emblemático reloj frente a la barra, conservan la esencia y la tradición de la cantina.

Salón París es famoso por sus “tachuelas”, bebida compuesta por champán, vermú, anís y fernet, servida en una copa de coñac, recomendada por cantinero y meseros para “la cruda”; así como por los “jueves de chamorro”.
Pero entre el ir y venir de copas y botellas uno puede percibir que, además, el lugar guarda un ambiente como el de personajes que han pasado por sus mesas buscando inspiración con un buen tequila.

Este lugar dio inspiración a un muchacho especial allá por los años 40, que la plasmó en servilletas con frases como “no vale nada la vida…”, “cantinero que todo lo sabes…”, “estoy en el rincón de una cantina…”, entre otras más, que convertiría en canciones, para después él mismo convertirse en “hijo del pueblo”.

Son muchas las historias que se cuentan de José Alfredo Jiménez en este lugar. Mucha gente sabe que vivía en el barrio, aunque nadie sabe la ubicación exacta, pero sí se sabe que jugaba futbol con sus cuates en la Alameda de Santa María, y al terminar los partidos, la Salón París era la elegida para ir a refrescarse.

En el rincón de una cantina
También cuentan que así como se le podía encontrar acompañado, podía estar solito en un rincón, en su mesa favorita escribiendo sin parar.
Los muros y azulejos de este lugar enmarcan fotos y homenajes del compositor guanajuatense y los parroquianos que la visitan ponen y cantan sus canciones mientras brindan al aire, como viéndolo escribir a lo lejos, en su complicidad con los sentimientos colectivos que se expresaban en sus letras.

Los meseros, siempre bien uniformados, van de mesa en mesa con agilidad y si hay partido en la televisión hasta se detienen a ver alguna jugada, animar a su equipo o comentar algo con los clientes.
Es un lugar con un ambiente bastante familiar. Para quien va con amigos también hay dominó y la botana siempre es buena: huevitos ahogados, quesadillas de papa, caldo de camarón o chuleta ahumada, dependiendo el día de la semana.

El encargado del lugar, Fernando Aguirre, cuenta con entusiasmo que ahora en esta nueva ubicación va a llevar más cosas de José Alfredo, telegramas y boletas de la primaria.
Mientras eso sucede, la cantina Salón París ya tiene el poder de ponerte nostálgico en una época que tal vez no le tocó vivir a la mayoría de sus visitantes, pero que en definitiva representa la cantina tradicional mexicana, lugar donde se ahogan las penas pero también se comparten las alegrías.

No se debe olvidar, antes de retirarse del lugar, revisar en el reloj de la barra ¿qué hora es? Porque dicen que en la París siempre hay tiempo para otra copa.
Dirección: Jaime Torres Bodet número 151, colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México.
Horario: lunes a sábado de 11:00 a 22:00 horas; domingos de 11:00 a 19:00 horas.











