La antropofagia tenía fines religiosos entre los mexicas. Ese privilegio estaba reservado para nobles, gobernantes, guerreros y señores de Tenochtitlan
El festejo de Tlacaxipehualiztli en la cultura mexica fue resumido así:
“No era este el tosco festín del hambriento caníbal, sino un banquete en que servían los manjares más delicados y las más deliciosas bebidas, preparadas con arte, y al cual concurrían también las mugeres, guardándose en él todo el decoro propio del estado civilizado. ¡Seguramente jamás se ha visto tocarse y confundirse tan íntimamente los estremos de la barbarie más brutal y del más culto refinamiento!”.
La cultura mexica (1325-1521) es la responsable de haber creado el pozolli. En aquellos años el platillo tenía un contexto ritual y se realizaba de la carne de los prisioneros sacrificados durante las ceremonias nahuas en honor a Xipe Tótec, nuestro señor el desollado.
En dicho festejo, que llevaba el nombre de Tlacaxipehualiztli (desolladura de hombres), se realizaban los famosos sacrificios de rayamiento o gladiatorios, donde un guerrero cautivo era amarrado a un temalacatl (una gran piedra cilíndrica; por ejemplo, la Piedra de Tizoc, del antiguo Palacio del Arzobispado o la Piedra del Sol) de la cintura para enfrentar a los grandes combatientes mexicas (cuauhpilli y ocelopilli) armados hasta los dientes.

Después de ser muerto, el cautivo era desollado y desmembrado para su consumo. El muslo derecho siempre iba al palacio del Huey Tlatoani, para expresar agradecimiento y respeto.
Según comentaban los cronistas de Sahagún, los muslos eran las partes donde se encontraba la carne con mejor sabor y textura. El muslo izquierdo y ambos brazos eran propiedad del guerrero que había capturado a su enemigo en batalla, aunque él no los podía consumir, ya que desde la cosmovisión mexica el capturador se volvía su padre y el capturado su hijo. Sus familiares, compañeros de armas, los líderes del calpulli, se disponían a comerlo en un gran banquete.
Sustitución con la carne de cerdo
Es importante aclarar que entre los mexicas existía la antropofagia ritual, en otras palabras, el consumo de carne humana con fines religiosos. Dicho privilegio estaba segmentado a grupo selecto de la gran población de Tenochtitlan: los nobles, los gobernantes, los guerreros y los teteuctin (señores).
Cuando se llevaban a cabo estos rituales, Sahagún comenta que la carne humana para consumo nunca era asada, sino hervida. Es probable que también se usara carne de guajolote o de perro como el xoloitzcuintle o tlalchichi.
Debido a la aberración que le causó a los europeos la antropofagia ritual que se practicaba entre los nahuas, decidieron importar gran cantidad de cerdos ya que los indígenas decían que su carne era muy parecida en sabor, textura y cantidad de grasa a la del humano.
El nombre de este platillo deriva de las palabras en lengua náhuatl potzonalli, apotzontli, que significan espuma o espumoso. Dentro del contexto ritual también se le conocía como tlacatlaolli, que significa “maíz desgranado de hombres”. Esta palabra alude a los ingredientes usados para su preparación en aquellos años.
Xipe Tótec, nuestro señor el desollado, era una deidad mexica asociada a la guerra, al maíz y a la renovación vegetal. El concepto de desollamiento siempre estuvo presente en los diferentes ámbitos de la cultura mexica; por ejemplo, para desgranar al maíz había que desollarlo, quitarle sus hojas. De la misma forma para preparar el pozole se tenían que desollar los granos del maíz llamado cacahuacintle.
Para lograr este cometido, los granos se ponían a reposar en agua con cal algunas horas, logrando que el maíz perdiera la cáscara fibrosa que lo cubre. Este proceso lo seguimos usando en la actualidad para preparar la masa requerida para hacer las tortillas. Lo conocemos como nixtamalización.
Cuando Tenochtitlan cayó en manos de los hispanos dirigidos por Hernán Cortés, el 13 de agosto de 1521, de inmediato se prohibieron todos los rituales vinculados con las antiguas deidades, involucrara o no la ingesta de carne humana. Por esta razón se sustituyó la carne humana por la carne de cerdo.
Esto, de acuerdo con los informantes indígenas que trabajaron con los primeros frailes que llegaron de Europa en las grandes obras que mantendrían registro de las antiguas culturas mesoamericanas, como fue el caso de Fray Bernardino de Sahagún y su importante obra: Historia General de las Cosas de la Nueva España.
La antropofagia no era costumbre ordinaria
Según se narra en el Manuscrito Anónimo de Tlatelolco de 1528, durante los últimos días del sitio de la gran Tenochtitlan, las personas hambrientas se alimentaron hasta de adobe y de tierra, de animales como ratas o gusanos, pero jamás de carne humana. Es decir, la antropofagia estaba tan lejos de las costumbres ordinarias que incluso en una situación tan crítica los pobladores no consumieron carne humana.

En la actualidad el pozole también se prepara con pollo, res y en las regiones costeras, mariscos y pescado. Se elabora de dos formas: los condimentados, que incluyen el rojo y el verde, y los blancos.
El verde adquiere dicha tonalidad cuando se le integra pepita molida o tomate verde; es originario del estado de Guerrero. El rojo tiene su origen en Sinaloa y Jalisco y es rojo debido al jitomate y chiles con que se adereza. Finalmente, el blanco tiene la finalidad de que el comensal lo prepare a su gusto; se le agrega orégano, chile piquín molido, rábano, lechuga, chicharrón, aguacate al gusto y se acompaña de tostadas con crema y queso o de pata.
Sin lugar a duda, el pozole es uno de los platillos mexicanos con más historia y es uno de los preferidos de nuestra gente.
Fuentes:
Carta del Lic. Zuazo, M.S. Torquemada, lib. 7, cap. 19. Herrera, op. cit., dec. 3, lib. 2, cap. 17. Sahagun, op. cit., lib. 2, cap. 21 et alibi. Toribio, Historia de los indios, M.S., parte 1a., cap. 2.- William Hickling Prescott. Historia de la conquista de México. 1843. p. 54.
Más de México. Mtro. Enrique Ortíz García. Bibliografía: González, Carlos Javier. Xipe Tótec. FCE, INAH. México, 2011. Graulich, Michel. El sacrificio humano entre los aztecas. FCE. México 2016. González, Yollotl. El sacrificio humano entre los mexicas. FCE, Conaculta, INAH. México 2012. Anaya Monroy, Fernando. La antropofagia entre los antiguos mexicanos. Estudios de Cultura Náhuatl 6, 1996.











