Se cumplieron 171 años de la firma de ese tratado que puso fin a la invasión de Estados Unidos a México y formalizó la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano
El encargado estadounidense para negociar el Tratado de Guadalupe Hidalgo que puso fin a la invasión de ese país a México, en 1848, reveló en ese entonces sus emociones en una carta que escribió a su esposa.
El movimiento All Mexico, encabezado por algunos políticos y periódicos de Estados Unidos de América, exigían que el botín de guerra fuera todo el territorio mexicano.
Ese movimiento fue producto de un fervor expansionista que se incrementó conforme las victorias militares estadounidenses se sucedían.
Inicialmente, las ambiciones territoriales en la nación del norte se limitaban a las dos californias, Nuevo México y el paso libre de personas y mercancías por el Istmo de Tehuantepec, a cambio de veinte millones de pesos.
El gobierno mexicano se negaba a establecer negociaciones de paz con el enviado estadunidense Nicholas Trist, mientras el territorio nacional estuviese ocupado; esta negativa también estimuló a los expansionistas para presionar a su gobierno a cumplir sus demandas.
Después de la toma de la Ciudad de México, el presidente estadounidense James Polk decidió pedir más territorio, e instruyó a Trist a que regresara para cambiar la redacción del tratado y exigir una mayor superficie.
Don Nicholas, que estaba casado con una nieta de Thomas Jefferson –independista de Estados Unidos y presidente de ese país de 1801 a 1809– se negó a regresar y decidió seguir con las negociaciones, mismas que concluyeron el 2 de febrero de 1848 y cuyos términos tuvieron que aceptar a regañadientes los promotores del movimiento.
Polk aceptó el documento, pero despidió a Trist y se negó a pagarle el salario del período posterior a octubre de 1847.
Luego de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, con el cual Estados Unidos despojaba de más de la mitad de su territorio a México, el comisionado del país vecino para negociar la paz, Nicholas Trist, escribió una carta a su esposa, Virginia Jefferson Trist, en la que le expresó lo siguiente:
“Si aquellos mexicanos hubieran podido ver dentro de mi corazón en ese
momento, se hubieran dado cuenta de que la vergüenza que yo sentía como norteamericano, era mucho más fuerte que la de ellos como mexicanos. Aunque yo no lo podía decir ahí, era algo de lo que cualquier norteamericano debía avergonzarse. Yo estaba avergonzado de ello, cordial e intensamente avergonzado de ello”.
Texto: Tomado del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).










