La agregada cultural mexicana declina ahondar en la polémica por su nombramiento, pero reafirma su propósito de romper con la cultura patriarcal
El nombre de Brenda Lozano saltó al ojo público por las razones equivocadas. Poca valía tuvieron las cuatro novelas que publicó: Todo nada (Alfaguara, 2009); Cuaderno ideal (2014); Cómo piensan las piedras (2017) o Brujas (Alfaguara, 2019). El debate no se centró en las aspiraciones literarias, filosóficas o sociales de una de las autoras menores de 40 años más destacadas de América Latina, según el Consejo Nacional de las Artes (Conaculta) y el Consejo Británico, sino su juventud y género.
El asunto que carcomía a los internautas era, es, su postura antipatriarcal, su disidencia ante el Estado mexicano, la crítica a las políticas públicas en materia de género y la desigualdad que rodea a las instituciones.
En los primeros tres días de su designación como agregada cultural de México en España, en agosto pasado, su nombre fue mencionado 210 mil 820 veces en redes sociales. La trinchera pública se incendió; en la plaza que constituyen estos imaginarios digitales se juzgó su postura abiertamente feminista.
Para Brenda las acciones del gobierno en turno se han quedado cortas pues no han logrado supurar el hecho de que, durante 2020, tres mil 723 mujeres fueron asesinadas por motivos de género, según cifras del INEGI.
Para la joven funcionaria los ataques que recibió en redes sociales no fueron más que el reflejo de esa violencia que viven 10 mujeres al día. Ella -dice- también forma parte de las estadísticas.
Bajo el nombre de usuario @Heraclitomigato, Brenda salió en su propia defensa y tachó de “misoginos” y “racistas” los comentarios que, siguiendo el hilo de la conferencia mañanera del Presidente, cuestionaban su capacidad y experiencia para seguir en el cargo.

No caben intereses personales en el cargo
En un artículo publicado en El País, titulado Sobre mi nombramiento, Lozano explicó su postura en los temas de género y su negativa a dimitir al puesto.
No dejaría la representación cultural, no dejaría de ser feminista, quizá el nombre de Andrés Manuel López Obrador dejaría de sonar en sus opiniones, pero sus posturas seguirían iguales.
Éste – dijo – es el momento para dibujar nuevas rutas de entendimiento en todos los sectores, incluso en aquellos en los que la opinión oficial no es del todo aceptada.
Lozano aseguró que sus “intereses personales” no tienen cabida en el trabajo aceptado, se desligó de cualquier grupo político o conservador y también de los de izquierda.
La ensayista dijo que su labor en el consulado consistirá en estrechar los lazos culturales entre la nación ibérica y México, con especial énfasis en el desarrollo de jóvenes artistas y con la ruptura cultural con el patriarcado.
De ese modo, Brenda dice: me quedo.
Ya en 2020, señaló en una entrevista con esta reportera: “El Estado no responde a la presión que hay en las calles. Andrés Manuel López Obrador es el primer presidente de izquierda y parte de ese triunfo se lo debe a lo que pasó en las calles. Es irónico que no escuche al poder que lo llevó a un puesto cuya consigna es servir”.
Cultura, sin afiliación ideológica
En respuesta a CH Ciudad de México, vía correo electrónico, la agregada cultural asegura desde Madrid que los motivos para permanecer en el puesto son los que ha escrito para El País, pero se reserva sus opiniones personales en torno a los dichos del Presidente, de los que no puede sentirse decepcionada.
Recuerda que ella fue una de los 30.11 millones de votantes que llevaron a López Obrador al triunfo.
“Si aceptar representar la cultura de mi país en la Embajada de México en España, como parte de una comunidad cultural y como parte de una nueva generación que defendemos la libertad de expresión, los feminismos, los grupos vulnerables y una postura no patriarcal y antirracista, ocasionó esta polémica, no es mi función favorecer la idea de que la cultura mexicana debe requerir una afiliación ideológica”, sentenció.
Cuidadosa con sus opiniones públicas, la escritora declinó involucrarse profundamente en el debate que carcome su nombre, lo único que sabe es que no renunciará, que las críticas más que a su trabajo son hacia su género y que los detalles de cómo marcha el nuevo empleo los dará a conocer más adelante. Bruja del lenguaje
Brenda Lozano nació un 13 de junio, como uno de los grandes autores de la lengua portuguesa, Fernando Pessoa, pero casi un siglo después. Una casualidad a la que ella osa nombrar como “cósmica”, pero no definitoria.
Su interés por la literatura llegó con los poemas del portugués al que descubriría como un regalo en la secundaria.
Las preocupaciones estéticas del luso serían las más transformadoras para una joven que a los 17 años pretendía ser escritora.
“Desde que era adolescente la literatura me llamó. Mi primera novela la escribí cuando tenía 17 años, pero no me gustó. Todo nada se publicó cuando yo tenía 24 o 25 años, no sé si eso es pronto o tarde, pero la literatura me ha salvado un montón de veces. Escribir es una labor de muchísima humildad, de entender que no hay respuestas, de búsquedas personales. Yo estudié literatura y la misma decisión que tomé en ese entonces, la tomo ahora. Esta es mi vida”.
A muy temprana edad, Brenda destacó por lo temas y un talento literario del que hoy muchos podrían dudar y otros tantos confirmar. En 2017 fue incluida en la lista Bogotá 39 como una de las escritoras jóvenes más destacadas de América Latina.
A esas primeras publicaciones seguirían una novela y un libro de cuentos, hasta llegar a su cuarta publicación, la más ambiciosa.
No más mujeres accesorios
Brujas es considerado uno de sus logros literarios en la novela y como en las tres publicaciones anteriores, hay algo de ella.
Bruja es el término utilizado como figura reivindicada por el feminismo como el prototipo de la mujer emancipada y creadora de saberes.
Y Brujas es el relato de dos mujeres que encuentran la manera de sanar sus heridas con el intercambio mutuo de sus historias.
Una periodista de la Ciudad de México de nombre Zoe viaja a un poblado rural para conocer a Feliciana, una mujer que sin querer se convierte en la curandera más famosa de México tras atender a empresarios, millonarios y escritores. Pero para que la historia de esta mujer, dueña del lenguaje, le sea revelada, Zoe tendrá que contar la suya primero.
En Brujas hay un poco de María Sabina, del poder tradicional de las hierbas y los hongos, de las mujeres y el éxodo, es una novela sobre la delicadeza de la feminidad.
“Siento que cualquier cosa que cuestiona los relatos hegemónicos e históricos tradicionales es un avance. Todo el tiempo estamos sujetos a estas historias, tenemos historias en todos lados, en el cuerpo, cuando soñamos. Algún día, hace ya un tiempo, leí ese dato mafufo de revista de abuelos, que decía que nosotros pensamos unas dos mil historias al día, por ejemplo: cuando para un carro y piensas en cómo sería tu funeral si ese coche te atropellara y así infinidad de cosas que llevamos hasta en el cuerpo”.
La también ensayista asegura que en las historias que nos han contado, las mujeres figuran como accesorios y defiende que las escritoras feminizadas o trans cuestionen ese tipo de hegemonías.
“Me parece urgente y necesario que lo hagan. Es un debate global y los feminismos claro que son el paradigma del siglo XXI. Existe una necesidad urgente de que se cuestionen esos saberes en la medicina, en la ginecología, las mujeres no somos máquinas de reproducción y me interesa cuestionar todas esas narrativas desde cualquier flanco”.
El día a día en Madrid
Brenda cuenta que le gusta levantarse temprano, escribir temprano y tomar mucho café: “empezar los días trabajando y terminar leyendo”.
Es una fiel relectora de Pessoa y también de Platón. Suele hablar con los personajes atrapados en los libros.
“Me gusta mucho hablar con Holden Caulfield, el niño de El Guardián entre el centeno (de J. D. Salinger), también me gusta charlar con Madame Bovary. Flaubert me cae bien”.
A esas charlas tiene que agregarle responsabilidades nuevas, un cargo público que también es de escrutinio público.
Brenda rechaza centrarse en los aspectos negativos del nombramiento, la incomodidad del Presidente o el odio en redes sociales.
“Creo que las redes sociales nos han hecho mucho daño. Veo Instagram y a veces me siento miserable. Veo fotos de gente que hace lo que quizá yo quisiera hacer. Hay algo con las redes sociales que nos tensa mucho. La idea de felicidad y nuestras expectativas nos obligan a mostrar nuestra mejor cara, se pone la foto de la ganancia, pero no la de la pérdida y yo en ese sentido soy muchas pérdidas. Esos fracasos y esas pérdidas configuran la persona que soy, qué es ganar o qué es perder, no lo sé”.











