El jalisciense, escritor de novelas de terror, trata de entender en Asesina íntima lo que pasó por la mente de Juana Barraza, a fin de que esa historia no se repita
Inscrito en la tradición de lo extraño, el autor jalisciense Bernardo Esquinca (1972) ha logrado superar el menosprecio que la crítica tiene por la llamada literatura de terror, a la que considera intelectualmente menor a la narrativa tradicional, para colocarse como el representante más serio del género en México.
Su primer gran triunfo lo obtuvo en 2005 con la publicación de Belleza roja (FCE), a la que siguió Los escritores invisibles (FCE, 2009) y La octava plaga, Toda la sangre, Carne de ataúd, Inframundo, Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe, editadas por Almadía.
El conjunto de sus obras da cuenta de sus obsesiones, de la disputa irresoluble entre el Eros y el Tánatos y de la inteligente mezcla del relato policial y el de terror.
Su última obra, Asesina íntima (Almadía, 2021), es el resultado de un año de investigación documental y el acercamiento sensible a la vida de Juana Barraza Samperio, mejor conocida como La Mataviejitas, condenada en 2006 a 759 años de prisión por el homicidio de 16 mujeres de la tercera edad a quienes asesinó con templanza y odio por parecerse a su madre.
O al menos eso fue lo que Juana confesó a los psicólogos que se entrevistaron con ella tras su detención, ocurrida en la colonia Moctezuma, minutos después de que le quitara la vida en su domicilio a la última de sus víctimas.
Juana Barraza – dice Bernardo – es una asesina peculiar, una mezcla del asesino organizado y el impulsivo, una criminal que antes de serlo deseó entregar todo, hasta lo que tenía a sus hijos y hombres que la quisieron mal, que la explotaron como la había explotado su mamá y con quienes conoce la desgracia del amor, el homicidio y el abandono.
Ruda de corazón
Dos semanas antes de su arresto, La Mataviejitas fue entrevistada, por azar, por un reportero de TV Azteca en la Arena México mientras veía una función de lucha libre, de la que era fiel seguidora y en la que en algún momento de su vida tuvo un papel.
Ella se declara “ruda de corazón” y la entrevista se haría viral luego de que se descubriera que aquella mujer, casi anciana, vestida de rojo y cuidadosamente maquillada, era la primera asesina serial a quien las autoridades mexicanas buscaban imparablemente.
Juana Barraza Samperio logró diluirse de las manos de las autoridades en diversas ocasiones, no había un rastro exacto de ella, incluso se pensaba que se trataba de un hombre o un transexual que se ganaba la confianza de sus víctimas al hacerse pasar por trabajadora social.
“Ella fue una excepción a la regla del asesino serial. El 99 por ciento de los criminales seriales son hombres blancos. Ella era mujer, y una mujer peculiar. Era la primera asesina en serie que México había aceptado tener.
“Cuando iniciaron las averiguaciones por una serie de crímenes que comenzaron a tener patrones similares entre 2003 y 2006, se creyó que el autor era un hombre o un transexual. Al descubrir a Juana, valga el refrán, con las manos en la masa, la conmoción fue grande”, dice en entrevista el escritor tapatío Bernardo Esquinca, quien más que ofrecer un documento histórico acerca del caso de La Mataviejitas, especula una aproximación en el terreno de la comprensión con la mujer vejada y abandonada, que con el paso del tiempo se convirtió en una asesina serial.
Recuperación de literatura fantástica
El autor no quería ni podía adentrarse en la verdad judicial de La Mataviejitas, una verdad a la que nadie más que Juana Barraza tendrá acceso, pues la mayoría de las pruebas y documentos fueron alterados por una cuestión de negligencia y mala preparación.
Sin embargo, la intención de reconstruir a través de la narrativa de ficción los pensamientos de un personaje urbano marcado por la violencia familiar, el rechazo y el abuso, constituyen un verdadero acto de indagación sobre Juana Barraza, quien también era mujer, exluchadora y una madre abnegada.
–Bernardo tú eres uno de los pocos autores mexicanos que escriben en la línea del terror, lo sobrenatural y la fantasía, ¿de dónde surge esta inclinación?
–Es verdad, creo que en México existe un prejuicio en torno a la literatura de terror a pesar de que es aquí donde la gente más lee a Stephen King y es porque se considera que la literatura fantástica es significativamente menor a la narrativa tradicional o culta, eso hace que los autores jóvenes se alejen o no quieran producirla.
“Pero también considero que ahorita la literatura fantástica vive un momento de recuperación, precisamente hace poco colaboré en la recopilación de cuentos de Francisco Tario, Amparo Dávila e Inés Arredondo llamada Ciudad fantasma en donde podemos observar que la literatura de este tipo tiene un arraigo folclórico en nuestro país.
“Es extraño considerar que en un lugar en donde el culto por los muertos, los rituales y las narrativas tradicionales se considere que la literatura producida bajo estos esquemas es de menor calidad.
“Son justamente estos esquemas poco explorados, una mezcla de terror y suspenso policial, los que lo llevan a encontrar en la vida de Juana Barraza una explicación, un intento de aproximación y entendimiento hacia los quiebres que convierten a una persona en asesino”.
Quiebres emocionales
–Existe en la novela una advertencia al lector en la que dices que el texto carece de valor documental, pero que estás convencido de que ayudará a la comprensión de lo sucedido…
–Sí. Yo no pretendía hacer un estudio documental de lo sucedido y tampoco entrevistarme con ella (Juana Barraza). De hecho, la idea de hacer una novela surgió mientras planeaba un podcast. Por cuestiones de tiempo y de permisos era imposible llevar a cabo una tarea semejante, pero lo que sí hice fue reconstruir a partir de notas periodísticas y materiales documentales de la época una historia que arroja luces sobre lo que pudo haber pasado en la mente de los involucrados.
“No pretendía ser el Sherlock Holmes mexicano y averiguar cuáles fueron los hechos, minuto a minuto, no pretendía esclarecer la verdad sino tratar de entender qué pasa en la mente de esta asesina, sus deseos, sus motivaciones y su historia. No pretendo justificar los asesinatos, pero estoy convencido de que el lector podrá detectar los quiebres emocionales de esta persona. Creo que esa es una manera de no repetir la misma historia tiempo después. Regresar y reflexionar para no repetir.
–¿No crees que en el mundo existen muchas personas que han experimentado el dolor y las consecuencias de una vida trágica y aún así no se convierten en asesinos?

–Esa cuestión es muy estudiada en la criminología. Y a nivel científico podemos decir que existe una diferencia sustancial entre una persona que experimenta los deseos de matar a una que lo hace y eso es la empatía. Existe una región del cerebro, la amígdala espejo, encargada de generar la empatía, la capacidad de entender al otro, algo que en los criminales no existe, esta capacidad es nula. Es por ello por lo que pueden matar sin experimentar ninguna clase de arrepentimiento.
“El caso de Juana es particular porque en algunas grabaciones ella se muestra llorando y consciente de que lo que hizo es grave. Los psicólogos que se entrevistaron con ella concluyeron que el impulso asesino contra mujeres de la tercera edad era producido por una proyección en la que ella asociaba a su madre con las víctimas. No es una justificación, claro que no, pero yo creo que el lector puede entender que un asesino no aparece de la nada”.
Muchos cabos sueltos
–En la novela hay una descripción muy precisa acerca del modus operandi…
–Hay una grabación que un reportero de TV Azteca realizó de Juana Barraza dos semanas antes de que ella fuera detenida y que se puede ver en YouTube, en el que le preguntan: ¿ruda o técnica? y ella contesta: ruda de corazón’; -¿en dónde es más ruda aquí o en casa, y ella se ríe y dice: ah pues en los dos lados. Es impactante como esa mujer vestida con un suéter rojo resulta ser La Mataviejitas y de ahí en adelante lo único que puedo hacer es imaginar y recrear.
“Comenzando porque quien narra la historia de Chana es una reportera mujer y no un hombre como ocurrió en la realidad. Unir los cabos sueltos es imposible comenzando por las averiguaciones, en las que los agentes hicieron todo lo que no se debe hacer en estos casos: pisaron papeles, huellas, alteraron las escenas, algo que impactó en el juicio porque la fiscalía pretendía imputarle 50 delitos, y solo consiguieron 14, teniendo en cuenta que ella confesó solo un asesinato. A ciencia cierta nunca sabremos cuántas fueron, aunque se calculan más de 40.
“La criminología nos dice que existen dos tipos de asesinos, los organizados y los desorganizados, y ella es una combinación muy inusual de ambos. Los primeros tienden a premeditar los crímenes, estudian a sus víctimas, a qué hora salen, con quién se reúnen, llevan la misma arma, limpian la escena para que nadie los descubra; los segundos, no analizan la situación, sino que actúan en el momento”.
Bernardo asegura que en Asesina íntima el ascenso y declive de La Mariposa del Silencio -nombre ficticio que identifica a Juana Barraza como luchadora- en el ring, debido a una lesión, la violación y el abuso materno ofrecen la posibilidad de entender los contextos bajo los que un criminal se desarrolla, para así tratar de enmendar esas deudas con las futuras generaciones.












