La película “Ocho de cada diez”, de Sergio Umansky, se terminó de rodar en 2018, con base en más de 500 entrevistas a víctimas directas o indirectas de violencia
“En la última década, en México han muerto asesinadas más de 240 mil personas, 24 mil al año, 2 mil al mes, 70 por día, seis mientras ves esta película”, rezan unas letras blancas sobre un fondo negro al inicio de Ocho de cada diez, un filme dirigido por el cineasta Sergio Umansky que expone la impunidad que rodea la justicia en México.
Ocho de cada diez cuenta la historia de Citlali y Aurelio. Él, un padre, que busca justicia tras el asesinato de su hijo, un hombre joven que recién había tenido una hija. Ella, una mujer migrante que logra escapar de las fauces de la violencia en manos de su marido.
Ambos son seres marginados de los esquemas de la justicia, que comprenden que la única manera de hacer frente a las hostilidades del mundo es el amor.
La sed de justicia unirá a Citlali y a Aurelio en una relación de complicidad y valentía.
“Ellos van a encontrar a su manera, y bajo sus propias circunstancias lo que es la justicia. Muchas veces desearán la venganza y otras, las más, se darán cuenta de que el amor es la única manera de enfrentar los martirios de este mundo”, asegura el director Sergio Umansky a Revista CH Ciudad de México.
Pero la película, recientemente estrenada tras años de investigación, montaje y posproducción, va más allá del típico conflicto amoroso entre dos seres marginados.
En ella, Umansky pretende poner caras a las víctimas directas y circunstanciales de la violencia en México y el defectuoso sistema de justicia.
Tras concebirla como una película de vampiros, Ocho de cada diez pasaría a ser un documental y finalmente una película de ficción inspirada en más de 500 entrevistas que el director realizó a padres, mujeres, hijos y madres que fueron afectados por la violencia y la muerte.
Burocracias y omisiones
La película tomó la forma final a lo largo de tres años y se estrenó en enero de este año. En ese tiempo, en México no hubo un cambio significativo en las estadísticas de violencia.
Y es que cuando la cinta se terminó de rodar, en 2018, México ocupaba los registros con los niveles más altos de violencia; julio de 2018 se convirtió en el mes con más homicidios dolosos, con una media de 2 mil 599, desde 1997, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Años más tarde, cuando Ocho de cada diez llegó al cine, de acuerdo con Save The Children en México se cometían siete asesinatos por día.
Umansky realizó una serie de entrevistas durante más de tres años en su oficina de la Ciudad de México. Fueron encuentros con hombres y mujeres que de alguna forma habían sufrido los estragos de la violencia directa o indirectamente.
Eran víctimas de burócratas y omisiones de trabajadores del Ministerio Público, además de los traumas que dejan una pareja violenta, el homicidio, el asesinato, la desaparición pasando por los momentos en que desearon hacer justicia en mano propia.

El propio director Sergio Umansky cuenta que hace algunos años vivió de cerca una experiencia similar. Sufrió un secuestro exprés pero su historia, al final, no pasó a mayores.
“Ellos llegaron (los entrevistados) a mi oficina con la necesidad urgente de ser escuchados porque no tienen a nadie que los represente, que los pueda visibilizar.
“En el transcurso de las entrevistas algunos me fueron pareciendo más interesantes que otros, pero al final sus historias, las de todos, están plasmadas en los personajes de Aurelio y Citlali. Él pierde a un hijo y la policía no le hace caso, y Citlali es el reflejo de un grupo de mujeres, muchas de las cuales habían sido víctimas de abuso, sexoservidoras… mi lado de escritor de ficción me hizo quitarles el nombre y convertirlas en una sola.
“Hace muchos años yo viví una experiencia similar. Me hicieron un secuestro exprés y por varias horas me tuvieron dando vueltas, me vaciaron las tarjetas, pero al final me dejaron ir. Cuando acudí al MP (Ministerio Público) me topé con una serie de trabas burocráticas que al final uno piensa en desistir”, cuenta Umansky.
Violencia arraigada
La inseguridad y la violencia se han convertido en verdaderos cánceres para los habitantes de la Ciudad de México y otras regiones del país, que han visto convulsionadas sus dinámicas sociales a causa del crimen organizado.
Para 2018, la última cifra que se publica en el Instituto para la Economía y la Paz, centro de investigación independiente, el impacto económico de la violencia en México fue de 5.16 billones de pesos, 10 por ciento más que el año anterior.
En ese sentido, cabe destacar que solo 54.8 por ciento de mexicanos confía en el MP, más de una vez implicado en asuntos de corrupción y negligencia.
“Ocho de cada diez no apunta el dedo contra nadie directamente, nadie más que uno mismo. Lo que propone la película es que las personas podamos responsabilizarnos de nuestras vidas, en relación con la violencia me parece que estamos inmersos en un sistema del que no veo la salida.
“La película la terminé hace más de tres años y el mundo ha cambiado en todo menos en la violencia, el tema sigue siendo igual de vigente que cuando la hicimos”, dice Umansky a propósito de las cifras inamovibles sobre violencia y seguridad.
Pero en la vida real pasa lo contrario que en Ocho de cada Diez. En la realidad a la que están condenados los más de 100 millones de mexicanos, el amor y el perdón no bastan.
“La película plantea que la justicia es un orden moral que tira fuera de nosotros, que existe por sí misma con o sin los humanos, un concepto que constantemente tratamos de descubrir, y que tomar la justicia en nuestras propias manos es algo riesgoso porque la vida no es sencilla”, agrega el cineasta.
En los últimos años, la justicia ha sido un tema recurrente para la población y los gobierno que aparentemente se esfuerzan por impartirla, aunque nueve de cada 10 delitos no se denuncien y el 90 por ciento de casos denunciados quede sin resolver o archivado.

En 31 de las 32 entidades federales las denuncias se abren, pero jamás se investigan, según informe de México Evalúa, otro centro de investigación independiente, sobre “Seguimientos y Evaluación del Sistema de Justicia Penal en México”.
¿Quién es Sergio Umansky?
En Ocho de cada diez, el cineasta Sergio Umansky presenta una nueva entrega sobre una línea argumental que ha explorado en otras producciones y que están relacionadas con el crimen, por ejemplo, Aquí iba el himno (2002), un filme que sigue a dos jóvenes que tras comprar marihuana caen en las fauces de la violencia.
Dicha cinta estrenada en el Festival de Palm Spring marcó un parteaguas en la carrera del cineasta; también está Mejor es que Gabriela no se muera (2016), con la que cautivó al público del Festival de Cine de Sao Paulo.
Sergio Umansky nació en la Ciudad de México el 28 de febrero de 1977. Director y productor, ha sido beneficiado con distintos apoyos gubernamentales a través del IMCINE, que se han reflejado en breve pero interesante producción sobre el México de hoy.
“Yo estudié cine en Columbia, me gradué en 2005. Definitivamente soy muy clavado en la forma y aprendí mucho de eso en la escuela. A mí me sirvió eso. Tengo amigos y colegas que se fueron por la libre y que incluso saben más que yo o que son mejores que yo, pero esto se debe a que no hay una fórmula para acceder al mundo del cine, aunque sí hay que escribir cuentos y luego a filmarlos”, cuenta.
Y es que antes de iniciar su carrera en el cine y delinear sus preocupaciones argumentales, Umansky fue un productor incansable de cortometrajes.
En ese sentido, el director dice que seguirá ahí donde las historias le exijan ser contadas.












