Arte plástico del guatemalteco perdura en México; parte se destruyó en 1985. Documentos de su vida artística y personal se revelan a 100 años de su llegada a nuestro país
Óleos sobre tela, serigrafía, madera con laca, govache y tinta en papel amate, acuarela y lápiz en papel albanene, tapices, mosaico veneciano y diseños de vestuario, entre otras obras de Carlos Mérida, salpican de color y engalanan la planta baja delMuseo Nacional de Arte (Munal), al recordar que hace cien años llegó a México el prolífico artista plástico guatemalteco.
Surrealismo, expresionismo y abstraccionismo, entre otros movimientos artísticos, quedaron plasmados en pinturas, dibujos, paneles decorativos y piezas plásticas que forman parte de la exposición “Carlos Mérida. Retrato escrito (1891-1984)”, enriquecida con documentos que revelan su vida artística y personal, y sus relaciones con otros artistas y personalidades.
Cuadro dedicado por Picasso
Originario de Quetzaltengango, Guatemala, Mérida tuvo, por ejemplo, una relación cercana con el pintor y escultor españolPablo Picasso, uno de los creadores del cubismo, la cual se demuestra en una de las misivas en exposición, fechada en París el 13 de septiembre de 1951:
“(…) Espero que a estas horas ya esté en sus manos el cuadro de Picasso. Hace dos o tres meses que fué llevado por avión a Guatemala por los amigos Villagrán Kramer y Ramírez, delegados guatemaltecos a la Conferencia de la OTT. Personalmente se los llevé a la aerogave y me prometieron despachárselo desde Guatemala o bien entregarlo con igual destino a Luis Cardoza. Poco después supe que Villagrán recibió un balazo en la rodilla, durante las provocaciones fascistas de Julio. El cuadro vá dedicado a Ud. por Picasso (…)”.

En el texto aparece la firma de Enrique, solamente, y no se precisa a qué cuadro de Picasso se refiere.
Impresionismo, cubismo
En la exposición destaca también un mecanoescrito de Mérida bajo el título “La escuela pictórica del día. El Simultancismo de Delsunay”, donde el artista expresó:
“El glorioso renovamiento pictórico iniciado por Monet, con el “Impresionismo”, tan combatido en su principio y aceptado actualmente como una de las más altas manifestaciones artísticas de esta época, dió margen a esa libertad de pensamiento que hoy se traduce en un sinnúmero de escuelas y tendencias picturales (“neo-impresionismo”, “puntillismo”, “cubismo”, “post-cubismo”, “naturalismo organizado”, “orfismo”, simultaneísmo”, etc., etc.) que dejan ancho campo a la especulación individual y que aunque hasta hoy su estado anárquico y fragmentario, han de integrar las bases de una forma de arte que llegue a ser la expresión artística de esta inquieta, complicada y acelerada vida presente.
“Una vez muertas las viejas y académicas fórmulas que esterilizaban el pensamiento pictórico, el “Impresionismo” nos brindó los misterios de la luz, su descomposición y aplicación simultánea, sus variantes y relaciones con respecto a la materia para dejarnos esas maravillosas telas que inmortalizarán los nombres de Monet, Pizarro, Sisley y ante las cuales como ante el sol, los ojos se ciegan de luz; pero como la especulación no habla de estacionarse en la relación de los fenómenos luminosos con la pintura, henos aquí en la época en la que los artistas ya se preocupan de la forma, pero a tal punto que descuidan las más elementales nociones del color; el “Cubismo” ha sido la reacción del “Impresionismo”; la preocupación de la línea llevó a Picasso a reunir en una tela una serie de principios ideoló (…)”.
Obras de Carlos Mérida en México
Carlos Mérida Ortega, con su esposa Dalila Gálvez Marroquín, se trasladó a la Ciudad de México el 26 de noviembre de 1919, según la línea de tiempo expuesta en el Munal.
Sus relaciones con artistas mexicanos involucraron a los tres grandes muralistas: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.
Mérida tuvo una colaboración, por ejemplo, para realizar los frescos de Diego Rivera para la Escuela Nacional Preparatoriaentre 1921 y 1922.
En 1923, José Vasconcelos lo invitó a decorar la Biblioteca Infantil de la Secretaría de Educación Pública. Colaboró además con el artista Emilio Amero en la escuela primaria Belisario Domínguez.
Carlos Mérida hizo su segundo viaje a Europa en 1927 –el primero fue en 1910–, donde retomó su relación con el suizo Paul Klee, uno de los precursores del abstraccionismo, y el español Joan Miró, uno de los principales exponentes del surrealismo, y surgió un profundo vínculo con el poeta Luis Cardoza y Aragón.
Entre 1928 y 1929 se inició con la pintura abstracta y surrealista en las galerías John Becker y Valentine, en Nueva York, Estados Unidos. Y regresó a México.
En 1949, Mérida trabajó el fresco de la guardería infantil del Centro Multifamiliar Miguel Alemán en la Ciudad de México, obra que fue destruida por el terremoto de 1985.
En 1951 participó con su obra en el Centro Multifamiliar Benito Juárez, el cual se vino abajo junto con su trabajo debido al mismo sismo.
En 1968, decoró el auditorio de Hotel Aristos Reforma con 25 piezas realizadas en caoba laqueada y dorada, que también forman parte de la exposición.
El 29 de febrero de 1980, Carlos Mérida fue reconocido con el Águila Azteca, máxima condecoración otorgada por México a los extranjeros ilustres.

En 1984 decoró, junto con el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el vestíbulo frontal de elevadores del edificio Omega en la Ciudad de México, y ocho días después de haber terminado la obra, el 21 de diciembre, Carlos Mérida murió a los 94 años de edad.
Música en colores
Entre las 290 piezas en exhibición en el Munal, está el autorretrato de Mérida realizado en óleo sobre tela en 1935, y entre otros cuadros al óleo: “La mujer de la rosa”, “Retrato de Anita Mérida”, “Retrato de Dalila”, “Retrato de Gaby”, “Tres mujeres” y “El amor anda suelto”.
En politec sobre masonte está la obra “Monelle” y en madera con laca “Tablero en niveles”.
En serigrafía destaca “En tono mayor”, al que acompaña una cita de Mérida: “Hay sin duda, en mí, latente un músico en potencia que no se manifiesta sino por los colores; de ahí ese afán de pintar en series, a la manera de un tema con variaciones”.
De su arte abstracto se observa el óleo “Los hechiceros”.
Carlos Mérida dejó “Recuerdos del viejo oriente” en govache y tinta sobre papel amate, así como “La casita encantada”, en un tapiz; además, un mosaico veneciano sin título; diseños de vestuario para ballet y bocetos estructurales para teatro portátil en lápiz sobre papel, entre su diversidad de obras.
En una de las salas se pueden ver también un cuadro de Miró, “Pintura”, y otro de Picasso, “Desnudo en un sofá”.
Las piezas de la exposición provienen de colecciones de las galerías Arvil, de Arte Mexicano, Amelia Weymann, así como de los particulares María Luisa Ferre, Andrés Blaisten, Juan Rafael Coronel, Jesús Drexel, Juan Antonio Pérez Simón y del archivo de Cristina Navas Mérida, el Colegio de México, el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, el Palacio de Bellas Artes, entre otras.










