El cosmógrafo del rey Felipe II de España hizo diversas contribuciones a la Nueva España, la más importante, el proyecto que evitó inundaciones en la capital
Perfilado hacia la avenida 5 de Mayo, en la esquina surponiente de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, se erige el monumento hipsográfico en memoria de Enrico Martínez, quien fue cosmógrafo del rey Felipe II de España, ingeniero hidráulico, cartógrafo, matemático y escritor.
¿Por qué una obra así para este personaje? Por su legado científico, pero sobre todo por su proyecto de desagüe para resolver el problema de las inundaciones en la capital de la Nueva España.
En La Ciudad de México a través de los siglos, del Instituto de Investigaciones Estéticas UNAM, se refiere quede 1877 a 1881 se construyó dicho monumento en la esquina del atrio de la Catedral que da a la calle de Seminario, pero en 1925 fue movido a la esquina surponiente de esa iglesia.
En mayo de 1877 comenzaba el mandato presidencial de Porfirio Díaz y con ello los trabajos de un nuevo sistema de drenaje para la Ciudad de México, conocidos como el Gran Canal de Desagüe y el Túnel de Tequixquiac.
El 24 de julio de ese año, un comunicado emitido por el entonces ministro de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, Vicente Riva Palacio, dirigido al Ayuntamiento de la ciudad, anunció la disposición para que erigiera en la capital un monumento destinado a homenajear a Enrico Martínez o Heinrich Martin (Hamburgo, Alemania, ca. 1555-México, 1632), que expresara la situación geográfica de la capital, considerando en primer lugar, su naturaleza lacustre.

El encargado de realizar la obra fue el ingeniero Francisco M. Jiménez.
Intérprete del Santo Oficio
El reconocimiento que se hizo a Martínez, personaje de la época colonial, se debe a su gran labor para crear el primer canal de desagüe en la Nueva España; además de que sus planteamientos, como el de la altura de la Ciudad de México, fueron de gran ayuda para los trabajos de desecamiento emprendidos por los ingenieros porfirianos.
Enrico Martínez, graduado de la Universidad de París, se desempeñó como ingeniero hidráulico, cartógrafo, matemático y escritor, y ostentó el nombramiento de cosmógrafo del rey Felipe II de España. Arribó a la Nueva España en la década de 1580 para documentar fenómenos astronómicos y rutas marítimas.
Durante sus primeros años de estancia proyectó diversas cartas geográficas. También realizó trabajos como impresor profesional hacia 1598, y fungió como intérprete del Santo Oficio en 1599, debido a su dominio del flamenco, latín, español y alemán.
Su legado científico quedó por escrito en varios tratados; la obra que conjunta algunos de ellos es el Repertorio de los tiempos; pero, sin duda, su trabajo más reconocido, y por el cual fue homenajeado con un monumento, casi 300 años después, fue su proyecto del desagüe para la capital en 1607.
Desde la época prehispánica, las inundaciones fueron el problema principal en la cuenca; para solucionarlo, los mexicas idearon un complejo sistema de diques y acequias, que incluyó el albarradón de Netzahualcóyotl, sirvió no solo para prevenir inundaciones, sino para evitar la mezcla de las aguas salobres del lago de Texcoco con las aguas dulces de los demás lagos.
En tiempos de la colonia, las soluciones mexicas ya eran insuficientes para hacerle frente a este problema.
Escultura fundida en Francia
En 1608, Enrico Martínez comenzó la construcción de una salida artificial para drenar los excedentes de agua.
Se trató de una galería subterránea conocida como tajo de Nochistongo o canal de Huehuetoca, mediante el cual se drenaría el lago de Zumpango, se interceptaría el río Cuautitlán y se desviarían las aguas hacia la cuenca del río Tula, para así evitar las inundaciones.
En el monumento se lee: “A la memoria del ilustre cosmógrafo Enrico Martínez. El Ministerio de Fomento 1878”. Quien concibió el monumento fue el “Ingeniero Civil Francisco M. Jiménez”. “Siendo presidente de la República el general Porfirio Díaz y secretario de Fomento el general Vicente Riva Palacio. Se erigió este monumento”.

El pedestal está coronado por una alegoría hecha de bronce (fundida en Francia por la Casa Thiebaut-Frères), obra del escultor mexicano Miguel Noreña (1843-1894) y representa la Patria.
La escultura porta en la cabeza una corona con un puente de tres ojos al frente que son los arcos del acueducto y que alude a una ciudad rodeada de lagos, por lo tanto, en la que se asentaron puentes de piedra.
El término hipsográfico aparece casi desde el inicio para designar al monumento, y corresponde a una metáfora: un hipsómetro fue un instrumento muy apreciado con el cual se determinaba una altura geográfica respecto al nivel del mar.
Hacia 1925, el monumento fue cambiado de lugar al que actualmente ocupa, por la construcción de una nueva cara para la Plaza de la Constitución, ya que para entonces comenzó a adicionarse un piso al Palacio Nacional y se remozaron sus zonas aledañas, que incluyeron la esquina del monumento.
También hay una calle que lleva el nombre de Enrico Martínez, que pasa por la Ciudadela y va de la avenida Doctor Río de la Loza a la avenida Morelos, en la colonia Centro, y otra en la zona de la Merced.
Fuente: Jorge Alberto Manrique, director; Marco Díaz Ruíz y Miguel Ángel Rosas, coordinadores. La Ciudad de México a través de los siglos. Instituto de Investigaciones Estéticas UNAM. 2018.












