“La Catedral del Danzón” fue fundada en 1920 en la colonia Guerrero. Las escenas cotidianas ahí fueron representativas del inicio de la vida posrevolucionaria en la Ciudad de México
Perfumados y con vaselina en el cabello, ellos esperaban el anuncio, acompañados de su respectiva dama, por lo general también humilde, muy arreglada, muy limpia, aunque quizá sin zapatos: “¡Danzón dedicado a…!” y la orquesta en turno invadía con su sonido esa densa atmósfera de olores y los bailarines saturaban la pista.
Era una escena cotidiana en el Salón México, “La Catedral del Danzón”, en la colonia Guerrero, apenas consumada la Revolución Mexicana.
Una remembranza de esa época fue rescatada en el programa radiofónico “La última noche que pasé contigo”, Dimensión 1380, dirigido por la doctora en sociología Florence Valentina Toussaint Alcaráz:
El Salón México realmente definió la estructuración urbana en el aspecto dancístico de la Ciudad de México a partir de 1920. El 16 de abril de ese año fue fundado en la calle Pensador Mexicano, en el número 16, y sin duda alguna, llegó a ser un emblema representativo de la vida capitalina en el extranjero, tanto en películas como en documentales.
Cineastas alemanes, ingleses y franceses, de 1944 a 1955 llegaban a grabar durante las posadas navideñas, acontecimiento magnífico y único que se daba en ese lugar.
Este salón era conocido popularmente como “El Marro” y así le decían todos porque teniendo específicamente tres salas de baile, daba al entrar un golpe de todos los humores, de todos los perfumes de las personas que se encontraban dentro, es decir, era como un fuerte golpe de marro que se recibía al llegar.
Tenía en su interior un decorado muy especial al estilo colonial de esa época y el referente se puede observar actualmente en el también famoso y antiguo Café Tacuba.
En la entrada del Salón México había una escalera que salía de la parte baja de la taquilla, que era un corredor de siete metros de largo y que contaba con una reja bellísimamente forjada en hierro con características art decó. Por supuesto que los escalones estaban recamados también en talavera. Dos jarrones llenos de plumas, muy al estilo de la época y una cortina de terciopelo rojo escarlata completaban el adorno.

Los murales que se encontraban en su interior gozaban de cierta fama. Hay quienes piensan que algunos esbozos fueron hechos por el mismo Diego Rivera. Sin embargo, en la etapa en que entró en reconstrucción, en 1937, ingresaron otras pinturas que no corresponden ya al estilo de Rivera. La mayor parte de los posteriores murales eran obras de José Antonio Gómez Rosas, conocido como “El Hotentote”. Su estilo era muy diferente al de los grandes muralistas mexicanos.
Una de las orquestas de esos inicios del salón digna de recordarse fue la de Emiliano Martínez, quien inició sus actividades danzoneras en 1923 o 24 en el Salón Colonia, conduciendo una orquesta fusionada entre la típica y la charanga y que llevaba por nombre “Orquesta Radio”.
Contaba con maracas, timbales, trompeta, saxofón, contrabajo, dos clarinetes, un piano y una batería con objetos que hacían característico el sonido del fox trot, pues las orquestas de aquella época eran usadas tanto para este ritmo como para el danzón.
El Salón México dio lugar a una serie de dichos populares. Conocido era el letrero que decía: “No tirar colillas porque se queman los pies las damas”, negado por muchos, pero fue creado alrededor de 1924 ya que todavía en la Ciudad de México había mucha gente descalza que no solamente iba a este salón, sino a otros más, por lo que no era extraño ver a mujeres humildes, muy arregladas, muy limpias, pero sin zapatos.
Otro de los letreros que se mantuvo incluso hasta 1955 a la entrada de los baños decía: “No se limpie las manos con la cortina”, ya que al hacer uso de los servicios, visitantes y bailadores compraban vaselina que el encargado les vendía y después de arreglarse el cabello para regresar al baile, se limpiaban las manos con la cortina.
Al entrar al salón los hombres recibían por costumbre, si así se deseaba, una rociada de perfume, generalmente loción “Siete Machos”, y de esa manera, envaselinado y perfumado, se estaba listo para bailar cada pieza de la orquesta en turno, al familiar grito de: “¡Danzón dedicado a…!”.
Cabe referir que el programa radiofónico “La última noche que pasé contigo”, en Dimensión 1380, se transmitió de 1985 a 1994, operada por el Núcleo Radio Mil.












