Tras la conquista, las primeras monedas fueron hechas a golpe de martillo. A mediados del siglo XVIII, la Casa de Moneda de México acuñó la columnaria, aceptada como moneda internacional
La Casa de Moneda de México, fundada en 1535 y la primera en América, inició su producción con piezas irregulares que hacían fáciles los fraudes y engaños, pero a mediados del siglo XVIII, la moneda mexicana tuvo tal aceptación por su calidad y belleza, que se convirtió en principal medio de pago internacional, desde América hasta Asia.
Previo a la conquista, los pueblos mesoamericanos utilizaron el sistema de trueque, con ciertos productos como medios de cambio, como el cacao y las mantas de algodón, cuentas de jade o jadeíta, hachuelas y cascabeles de cobre; plumas de guacamayas, faisanes, loros y quetzales, además de cañones de plumas rellenos con polvo de oro para transacciones de mayor valor, se refiere en Cuauhtli y la moneda mexicana, de la Biblioteca de Publicaciones Oficiales del Gobierno de la República.
El primer intento por establecer el uso monetario ya en la Nueva España se hizo con la introducción de piezas acuñadas en Castilla.
Para ello, la Corona Española hizo varios envíos de monedas procedentes de las cecas (sello que identifica el lugar de acuñación de la moneda de curso legal) castellanas, pero la importación era ineficiente, insuficiente y de alto costo, publica el Archivo General de la Nación, bajo el título Recuerda la instauración de la Real Casa de Moneda en la Nueva España.
A golpe de martillo
Por esas causas y ante la riqueza de metales preciosos en la región, con abundantes y fecundas minas de plata, mientras cada vez se descubrían más de éstas hacia el norte, el 11 de mayo de 1535 fue fundada la Casa de Moneda de México por el primer virrey, Antonio de Mendoza, quien llegó con una cédula real expedida por la Corona Española para la creación de la primera casa de moneda de América.
En La historia de la moneda y del billete en México, publicada por el Banco de México, se difunde que las primeras monedas que se acuñaron en el país fueron las del tipo Carlos y Juana, porque en su anverso se grabaron los nombres de los reyes españoles, la reina Juana (Juana la Loca) y su hijo Carlos I, que fueron hechas a mano, “a golpe de martillo”.
La historiadora Guadalupe Lozada León, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Ciudad de México, escribió en la revista Arqueología Mexicana (coeditada por el INAH) que las primeras monedas fundidas en la Nueva España, “tenían forma irregular y, a decir de don de Artemio del Valle-Arizpe, eran bastante feas: Por su forma irregular, angulosa y sin cordoncillo, se le llamó macuquina y también de cruz por la tosquísima que tenía grabada.

“Monedas de menor valor fueron los tostones; para las transacciones en pequeño se hizo la moneda de vellón o de cobre. Pero con este sistema se originaban muchos fraudes y engaños, por lo fácil que era falsificar la moneda”.
Prosperidad de la moneda mexicana
Diversas monedas se elaboraron posteriormente hasta que el proceso de acuñación sufrió un cambio y comenzaron a ser redondas.
En 1732, durante el reinado de Felipe V, se mecanizó el proceso para elaborarlas perfectamente circulares y acordonadas por el canto, lo que las protegía de mutilaciones y limaduras como ocurría con anteriores por su forma irregular, se difunde en Cuauhtli y la moneda mexicana.
A estas monedas se les llamó columnarias o de mundos y mares y circularon en el norte, centro y hasta el sur de América, además de Europa, la India y el Lejano Oriente. Incluso intentaron imitarlas en países como Groenlandia, Dinamarca, Noruega y Suecia.
“Así la moneda mexicana prosperó a mediados del siglo XVIII y se usó como el principal medio de pago internacional. La aceptación ganada en su contenido en plata, la belleza en su diseño y fino grabado, propició que la moneda mexicana circulara hasta China. Aún en el siglo XIX, este país adoptó la plata mexicana como principal forma de pago”, destaca.
A partir de 1772, durante el reinado de Carlos III, el tipo de moneda volvió a cambiar. Las llamadas monedas de bustos se distinguían porque mostraban en su anverso el rostro del rey en turno. Las monedas columnarias (1732-1772) y las de busto (1772-1821) conformaron la mayor parte de moneda para Europa y Asia.
Las monedas de oro llevaban el busto del rey con la armadura y notable peluca, propia de la moda francesa de la época, por lo que fueron llamadas peluconas.
En 1865, se refiere en Cuauhtli…, se habían acuñado dos mil 786 millones de monedas, las suficientes para pavimentar el camino México-Veracruz. Nuestra moneda era tan famosa y aceptada que fue de curso legal en países como Canadá (1858), Estados Unidos de América (1857) y Guatemala (1823).
Casi a la ruina y nuevo esplendor
En Prestigio Mundial Vigente, en la publicación Ceca de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Alfonso Rodríguez Facio y Salvador García Lima destacaron que el prestigio de la ceca mexicana se ha labrado desde que en el siglo XVI un creciente volumen de plata amonedada comenzó a fluir desde la capital de la Nueva España.

“En el segundo tercio del siglo XVIII la moneda columnaria llevó ese prestigio a un nivel superior: su amplia aceptación en el lejano Oriente y su papel como moneda internacional en aquella época hablan por sí mismos.
“En nuestros inicios como nación, la Casa de Moneda de México vivió un periodo de crisis heredado de los desajustes creador por la guerra de Independencia: maquinaria obsoleta y en deplorable estado, la competencia de las casas de moneda virreinales de necesidad y luego el creciente fenómeno de las cecas foráneas, colocaron a la ceca mexicana al borde mismo de la ruina”.
Sin embargo, se hace notar que la situación empezó a revertirse a mediados del siglo XIX, cuando aparejado al abandono de su casi tres veces centenaria ubicación dentro del complejo de Palacio Nacional y la nueva concesión de operación a particulares, la ceca entró de lleno a la era de vapor.
Y para finales del segundo tercio del siglo XX, los avances tecnológicos y la integración de un nuevo equipo de diseñadores, escultores y grabadores permitieron que la combinación de arte y técnica dieran a la ceca mexicana “una nueva época de esplendor”.
—De acuerdo con Ceca, la Casa de Moneda de México se estableció en el Palacio de Axayácatl, hoy Nacional Monte de Piedad, donde estuvo de 1535 a 1562.
Luego tuvo otras sedes:
—En el Antiguo Ayuntamiento, de 1562 a 1569. Hoy es el edificio del Gobierno de la Ciudad de México.
—En la calle Moneda, por lo cual se le dio el nombre a esta vía contigua a Palacio Nacional, donde permaneció durante casi tres siglos. Hoy está ahí el Museo Nacional de las Culturas.
–En la calle Apartado, de 1848 a 1992. Hoy está ahí el Museo Numismático Nacional.
—En Calzada Legaria, de 1970 a 1999. Se ubicaron ahí oficinas de la Policía Federal.
–En el estado de San Luis Potosí, donde está la planta de producción actual, la cual fue inaugurada en 1983, cuando se agregaba a la de Legaria y la de Apartado, hasta que en 1999 se integró completamente la actividad productiva en la planta potosina.
—La Casa de Moneda de México tiene un centro de distribución en la Ciudad de México, en Paseo de la Reforma 295, colonia Cuauhtémoc.













El libro Cuauhtli y la moneda mexicana citado en este trabajo es obra de la historiadora Daniela Vázquez Corral y puede ser consultado en línea, vale mucho la pena y está orientado al público infantil.